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Detrás del periodismo no hay solo nombres sino un drama humano.

02 Oct

Un acercamiento a la crónica de Jon Lee Anderson.

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Por Tania Navarro

…presenciar, documentar y comunicar la verdad de nuestros tiempos, para mi eso es el periodismo. Ese es nuestro deber. Entonces, el deber es más grande cuando el país de uno está en conflicto, (es un deber) muy grande. Sin embargo, no hay peor momento para un periodista: cuando se mueren y se matan en grandes cantidades, entonces claro, uno tiene que medir su disposición a estar presente en esa batalla. En muchos casos uno es mal pagado, mal agradecido y todo lo demás, es un poco de misioneros o de locos. Yo me imagino que para un periodista mexicano este debe ser un periodo nefasto y frustrante, porqué quién quiere ver a su sociedad en estas circunstancias. El periodismo ha de cambiar mentes, despertar conciencias, crear fenómenos sociales donde la sociedad civil reclame un cambio. Eso no lo estamos viendo. ¿Qué quiere decir? Que el periodismo ha caído un poco en el mismo juego de testimoniarlo todo en crónica roja, narcocorridos, de historietas de hazañas y epopeyas, buenos y malos… y nada más acontecimientos y funciones… Ahí esta el problema. [i]Jon Lee Anderson. Entrevista.

Dentro los géneros periodísticos, la crónica es uno de los más destacados. No es una sucesión de hechos, ni una serie de respuestas al qué, quién, cuándo, dónde, cómo, por qué o para qué. No es contar una anécdota, es tratar de familiarizarse. El cronista busca esa relación intima entre él y el lector, busca escribir con un estilo narrativo que no caiga en la ficción, describir pero no detallar en exceso, busca mantener cautivo a su lector en pocas páginas. No pretende sólo entretener e informar, sino también ayudar a formar opinión.

“El herededo de Kapuscinski”, como se le ha llamado a Jon Lee Anderson se vale de un lenguaje sencillo y expresivo, es peculiar e inconfundible su manera de escribir, ese estilo personal y la convicción de este hombre lo tiene identificado como uno de los mejores cronistas de nuestra época.

Se reconoce su compromiso con la gente y la realidad, con lo que ve, con lo que pasa. Desde su óptica nos narra sus entrevistas, ofrece al lector una visión diferente de la persona que tiene enfrente. Lo presenta como un ser humano con defectos y virtudes, con aciertos y desaciertos, como estos conciben su posición, su poder de hacer y deshacer.

No juzga solo expone lo que observa. No da nada por sobrentendido simplemente nos esboza lo que ve de la manera en que lo ve. Lee Anderson “pinta retratos que se caracterizan por la sencillez y concisión de las descripciones, la agudeza política de los comentarios, el hábil trazado de los contextos, la atención por el detalle iluminador y la concepción literaria del discurso periodístico.”[ii]

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La historia detrás que lleva a la seducción del lector

Jon Lee Anderson nació en 1957 en California, Estados Unidos. Siendo hijo de un padre diplomático y una madre escritora se acostumbró a las cambiantes circunstancias de viajar, creció y estudió en Colombia, Taiwán, Indonesia, Corea del Sur, Liberia y Reino Unido. Esto permitió que desarrollara un bagaje cultural amplio, con una pasión por memorizar atlas,  “desde pequeño entendió que las culturas distantes pueden ser una forma de naturalidad.”[iii]

La razón de su buen español y su interés por lo temas latinoamericanos quizás se deba en gran parte a que su niñez la pasó en Colombia. Anderson, inicia su trabajo periodístico en 1979, como reportero para el Lima Times de Perú. Fue reportero en El Salvador y Honduras, publicó su primer libro en 1986, es miembro de la Fundación Nuevo Periodismo.

El actual colaborar del New Yorker, ha trabajado para Time, Financial Times, Harper’s, Life, The Nation, The New York Times, The Washington Post, The Guardian, The Sunday Times, Le Monde, El País, Diario el Clarin y El Espectador. Ha publicado varios libros entre ellos “Guerrilas: Journeys in the Insurgent World”, “The Lion’s Grave: Dispaches from Afganistan”. En 1997, publicó una biografía sobre el Che Guevara.

En 2005,  obtuvo el Premio Reporteros del Mundo por “La caída de Bagdad”.  Este libro reconocido a nivel internacional como una obra maestra del reportaje literario narra la experiencia de algunos iraquíes que viven el epílogo del régimen de Sadam Husein. Expone desde Ala Bashir, médico y pintor favorito del dictador, que “la experiencia más amarga de un hombre libre es entablar amistad con alguien que no le agrada.”[iv]

Su  último libro es una compilación de artículos publicados en la revista The New Yorker, entre 1999 y 2009. El dictador, los demonios y otras crónicas es una colección de reportajes contados con el peculiar estilo de Lee Anderson sobre personajes y paisajes políticos de España y Latinoamérica. A pesar de ya no ser actuales, esos perfiles siguen vigentes y nos ayudan a entender nuestra realidad, a pincelar  personalidades.

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Anderson y sus circunstancias

Para Anderson el poder es el motor de la historia. El poder es fascinante. El poder es como la alquimia máxima, no existe pero existe, y cambia el mundo y lo mueve.[v] Por eso se coloca del otro lado del poder, analiza a través de entrevistas la vida de los hombres que han incidido en distintos lugares del mundo. Jon Lee no tiene una pasión por el poder sino por observar como y quien detenta el poder. Tal como manifiesta otro gran maestro del periodismo, Jean Daniel:

“El poder fascina. Fascina a los periodistas muy a menudo porque si tienen el gusto por la literatura quieren saber cómo se hace la historia… La historia: los pueblos la sufren, los dictadores (o los poderosos) la hacen, y los periodistas la contemplan para describirla. Los periodistas están entre el poder y la historia. Y han de saber cómo funciona el poder, con la condición de que la fascinación no caiga en la complacencia, la indulgencia y la corrupción… Con esas condiciones es muy interesante ver cómo funciona un hombre que detenta todos los poderes. En este momento hay que desconfiar de todo, hasta del más mínimo detalle.[vi]

De acuerdo a Ryszard Kapuscinski, el buen periodismo, además de la descripción de un acontecimiento, tiene también la explicación de por qué ha sucedido; en el mal periodismo, en cambio, encontramos sólo la descripción, sin ninguna conexión o referencia al contexto histórico. Jon Lee Anderson a través de sus crónicas nos lleva a comprender ese contexto, busca esas referencias que nos lleven no solo a conocer por descripción sino a comprender hechos. ¿Por qué actuaron así? ¿Porque actúan así?

Anderson, es un periodista que no usa grabadora, ni cuaderno de notas en sus entrevistas, es uno de los pocos que reconstruye historias desde su memoria, desde la observación. Por ello esa capacidad de síntesis y la experiencia adquirida a lo largo de años ha inspirado libros como “Un día con Jon Lee Anderson.”

Su método empírico, busca el testimonio directo, el lugar exacto de los hechos, comprueba e indaga sobre rumores, confronta y contrasta los temas y hechos  polémicos con los diversos actores. No es una cosa fácil, es ese instinto y olfato periodístico que cualquiera desearía tener al trabajar en este campo. Lo anterior lo observamos en los perfiles de Hugo Chávez, de Pinochet y Gabo. Ese afán de ir más allá.

Anderson toma muchas notas sobre lo que ve y recuerda. Es como una bitácora, un diario donde expone su alrededor y a las personas al final del día.  Su meta es buscar la realidad. Reconoce que “siempre es necesario” recurrir “al ingenio” para encontrar una “mirada nueva para que la gente diga: ¡Vaya, no sabía  eso!”[vii]

De demonios, dictadores y otros perfiles.

Se dice que el periodista norteamericano dejó de utilizar la grabadora cuando se reunió con  Gabriel García Márquez. De tal manera que “el método de Anderson es muy parecido, pues, al de Capote. La grabadora y las libretas pueden intimidar a la persona que está hablando con el periodista.”[viii] Jon piensa que las personas al no ver ningún aparato u objeto aportan con más libertad sus testimonios, de una forma más relajada.

Para Lee Anderson detrás del periodismo no hay solo nombres sino un drama humano. Escribe perfiles porque  “un perfil es un retrato en palabras de la persona y de su tiempo. La persona no existe sin el tiempo en el que vive”, para el periodista “la escena sí es importante”, suele añadir que “hay que abrir todos los sentidos para hacer un perfil.”[ix]

Anderson nos trasmite de manera indirecta en “El dictador, los demonios y otras crónicas” que los perfiles nos permiten comprender nuestra actualidad y conducen a la formulación de opinión. En una entrevista que se le realiza en nuestro país, expone que a México le faltan periodistas que hagan buenos perfiles. Para ello, se necesita describir al hombre que detenta el poder, como esta viviendo él, su gente, como es el fenómeno de los políticos que han decidido emprender una guerra contra a otros sectores de su país.  Cierto, en nuestro país, Anderson y ninguno de nosotros a leído una crónica de esas.

 ¡Chico, abre los ojos! De periodismo y el futuro.

Aunque deje de ser periodista, seguiré llevando esa vida. No quiero otra forma de ver el mundo. Y no es un juicio de valor. Jon Lee Anderson.

Dicen por ahí que la historia la escriben los vencedores, esto es subjetivo. Las personalidades del mundo hacen los hechos, alguien más los cuenta, sin embargo la mayoría de las veces nos exponen una sola cara de la luna, aquella que de solo observar, veríamos. Y ver, en este mundo ya no es suficiente. La historia tiene sus verdades y sus falsedades, la historia es algo vivo que se interpreta desde varios cristales, por eso nunca llegamos a conocerla del todo. Como dijo Tomas Eloy:

El periodismo es un acto de servicio, pero no es un acto de servilismo, y por lo tanto los periodistas tienen que hacer aquello que su conciencia le dicta. Yo parto del hecho de que el periodismo es ante todo un acto de servicio, un servicio al lector. Con el periodismo tú le sirves a un lector; le presentas una realidad con la mayor honestidad posible, con los mejores recursos narrativos y verbales de que dispones. Pero en todo momento tienes que dejar bien claro que esa es la realidad que tú has visto, en cuya veracidad confías.[x]

Día a día, el hoy se convierte en el ayer, el ayer en pasado, y el pasado en historia, una que solo podemos revivir a través de crónicas como las de Jon Lee Anderson, una que nos permite saber sobre lo ocurrido antes y que nos ayuda a comprender el hoy. Es un proceso de ida y vuelta que no tiene fin.

Anderson hace lo que hace y trata de seguir los instintos de la manera que le apetece y le parece importante. Esta al tanto del porvenir y el destino del periodismo. Para él, “los jóvenes de hoy tienen algunas ventajas, algunos bagajes que antes no se tenían y su mayor reto va a ser superar el flujo de la información para adquirir contacto directo con la realidad,” un contacto que se necesita aprender,  a través de la experiencia propia, que te define, menciona que “pueden ser brillantes y tener carreras pero enteramente virtuales, sin una experiencia primaria.[xi]

Estoy de acuerdo con su último argumento, ya que resulta en un periodismo vacío, supeditado y dependiente de la tecnología. Sin embargo, el problema no está en las nuevas tecnologías sino en las personas que hacen el periodismo y su manera de pensar, ya que la mayoría no entiende que son una herramienta no una forma de vida, no son la realidad sino una manera de observarla y estar más cerca de ella, sobre todo cuando está a kilómetros de distancia. El problema no está en lo que nos lleva a ser el homo videns, el problema está en la educación.

Tal como afirma, Anderson, vivimos en un mundo informativo de 24 horas, donde la primicia marca el orden del día, pero no creo que por ello las  “revistas informativas estén empezando a perder su identidad.” Es cierto que estarán cada vez más restringidas a un público selecto, en este caso para aquel que se interese por crónicas como las de El dictador, los demonios y otras crónicas.

Por eso se debe ir “más allá de la inmediatez, del horror y del sentimentalismo fácil que busca siempre la televisión”. El mismo lo dice, hay que apostar por el reportaje de largo aliento. Internet va hacia las agencias de noticias, pero no suplanta a los cronistas.

También coincido con Anderson cuando argumenta que  “un reportero tiene que ser siempre inseguro, no convertirse en alguien que sigue una pauta, porque eso es el comienzo de la decadencia, deja de perseguir el mundo con ojos frescos, cree que lo sabe todo. Es un síndrome bastante común y humano.”[xii]

Por último, sólo me resta coincidir con Jon Lee Anderson cuando afirma que la crónica permanecerá, es historia y nos llevan a un momento que ya no existe. Tal como decía Albert Camus: “por eso vale la pena luchar por una profesión como esta.” No creo que el oficio se esté acabando como tantos argumentan. Ya que “sólo lo escrito permanece; aquello que no ha sido narrado no existe, y lo que ha sido escrito se convierte en verdad. Y eso seguirá siendo así.” Está profesión no va a desaparecer, sobrevivirá el avance tecnológico, la represión y la tortura. Por eso la claridad de Jon Lee Anderson en sus crónicas, por esa marcada separación de la realidad de la ficción, por la necesidad de separar lo que es de lo que no es, la crónica de este periodista nos marcará por siempre.


[i] Adaptación escrita de una entrevista a Jon Lee Anderson. Disponible en: [i] http://www.youtube.com/watch?v=Eh7r7uvYLTo

[ii] Reseña de ‘El dictador, los demonios y otras crónicas’. Jon Lee Anderson. EDITORIAL ANAGRAMA. Blog Literario en español, Boomerang. Disponible en: http://www.elboomeran.com/obra/429/el-dictador-los-demonios-y-otras-cronicas/

[iii] Juan Villorio, El americano impaciente. Prologo en El dictador, los demonios y otras crónicas.

[iv] Juan Villorio La caída de Bagdad, de Jon Lee Anderson en Letras Libres. Disponible en: http://www.letraslibres.com/revista/libros/la-caida-de-bagdad-de-jon-lee-anderson

[v] Guillermo Altares. ENTREVISTA: JON LEE ANDERSON | EN PORTADA / ENTREVISTA “Un reportero tiene que ser inseguro” en El País,10 de marzo de 2010. Disponible enhttp://elpais.com/diario/2010/02/20/babelia/1266628336_850215.html

[vi] REPORTAJE: MAESTROS DEL PERIODISMO Jean Daniel Fundador de ‘Le Nouvel Observateur’La capacidad de hacer el mal que tiene el periodista es devastadora”

[vii] Ibídem.

[viii] Fernando García Mongay. Un día con Jon Lee Anderson.  Disponible en: http://sexto.congresoperiodismo.com/anderson/anderson.pdf

[ix] Ibídem.

[x] ENTREVISTA: MAESTROS DEL PERIODISMO Tomás Eloy Martínez Periodista y escritor argentino “El anonimato digital potencia el periodismo amarillo”

[xii] Ibidem.

 
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Publicado por en octubre 2, 2012 en Comunicación y poder, medios

 

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