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Madero. ¿Ingenuo?

23 Feb

 Por Tania Navarro
@Tanava
A un siglo del asesinato de Madero, buscamos las
huellas de las balas que mataron la democracia.
 Abida Ventura

Aproximadamente a las diez de la noche, se cumplirán 100 años del asesinato del Apóstol de la Democracia y del Caballero de Lealtad; y a mí lo que me abruma es la ignorancia de mi pueblo. Confundir la buena voluntad con pendejismo. Confundir la nobleza con estupidez.

La decena trágica es un episodio de la historia de México marcado por la traición. Claro, no faltará quién alegue que existen muchos de esos en nuestra historia.  Resumen del resumen: Acontecimiento armado que tuvo lugar del 9 al 18 de febrero de 1913 para derrocar a Francisco I. Madero. Sublevación que puso en libertad a los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz.  Movimiento que solicitó la renuncia de Madero y  Pino Suárez.  Episodio en el cual Victoriano Huerta, jefe del ejército federal y un alcohólico empedernido, con el apoyo del embajador Henry Lane Wilson en el llamado Pacto de Embajada destituyó al presidente y al vicepresidente.  Evento donde Madero y Pino Suárez fueron apresados y obligados a renunciar. Recordado por el presidente de los 15 minutos, Pedro Lascuráin. Suceso donde  Huerta fue designado presidente. Revuelta que culminó el con el primer asesinato de la democracia.

¿Pero que hay detrás de esos 15 meses que duró la presidencia de Madero? Quizás nada, quizás mucho. Tiempos de inestabilidad donde el pueblo de México ya no quería ser paciente. Madero, el presidente que dio rienda suelta a libertad de prensa, que quiso negociar la reforma agraria, hombre honesto y conciliador que no se atrevía a fusilar a nadie.

Duele admitir que la mayoría de nuestra sociedad no sabe historia y pueblo que no la sabe está condenado a repetirla. Si tuviéramos otro Francisco I. Madero, seguro dejamos que lo maten, no meteríamos ni el cuerpo ni el alma para defender una causa justa. Diría mi abuelo: ¡Maldita ignorancia!

Estoy harta de los posibles Méxicos, quiero uno real, donde nuestro sistema educativo mejore, donde nuestra libertad de prensa no se confunda con la libertad de hacer lo que se quiera ya que cuando hay demasiada libertad no hay orden.

No habrá reforma sin cultura política. El cambio democrático, cuyos valores fundamentales son la legalidad, la tolerancia, la rendición de cuentas, la deliberación pública de los asuntos públicos, el derecho a la información; el pluralismo y el respeto a las libertades públicas, se enfrenta a verdaderas barricadas levantadas por las burocracias.

Una democracia no funciona si no se puede decidir; y para que una democracia funcione es menester construir mayorías. Fernando Savater dice que la democracia no es un punto de llegada sino de partida.  Y después de tanto intentar la democracia en este país ya no sé donde están esos puntos. A veces pienso que tanto nuestra sociedad, como la mayoría de nuestra prensa no están listas para la democracia. ¿Dónde están los verdaderos formadores de opinión pública? Pocos, hay muy pocos.

A Madero, durante esos 15 meses se le criticaba todo. Nadie supo valorarlo, ni en ese entonces ni ahora. Nuestra democracia está en coma desde entonces,  y aunque parece reaccionar lo hace con espasmos. Ruego porque en su juventud, no muera.

 
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Publicado por en febrero 23, 2013 en relaciones internacionales

 

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